lunes, 21 de febrero de 2011

Ópera: Macbeth en el Euskalduna

Hacía ya bastante tiempo que ninguno de nosotros acudía a una función de primera línea. Quien más, quien menos, recordaba veladas gloriosas en el Liceo, el Real o el propio Teatro Albia. Por fin habíamos conseguido encajar todas las piezas de nuestra vida familiar y laboral para juntarnos y realizar la tantas veces aplazada excursión a Bilbao. El precio era desorbitado, la localidad estaba allá en las alturas, pero estábamos convencidos de que había valido la pena cuando empezaron a sonar las primeras notas del genio de Busseto. Y sin embargo...


¿Es posible un Macbeth sin sangre? El director escénico así lo afirma en las entrevistas, pero a veces no conviene tomarse las cosas tan al pie de la letra. Desde los primeros compases, el espectador siente que algo no funciona. Donato Renzetti interpreta la partitura sin pulso, las frases se suceden cansinamente, sin ligar, a veces deletreadas, como si se pretendiera evitar dificultades a un grupo de estudiantes de canto; las dinámicas se ignoran hasta el punto de que el esperado clímax verdiano de cada acto se convierte en una rúbrica de compases rutinarios, propios de la más vulgar composición belcantista. ¿Responsabilidad de un director poco inspirado o rutinario enfoque por desconfianza hacia la orquesta o falta de ensayos?  ¡Quién sabe! Lo que está claro es que con esta base sonora, la función solo puede salvarse gracias a un elenco extraordinario, y el de esta producción no lo es.
Violeta Urmana tiene una de las grandes voces del actual panorama lírico, pero los que saben podrán explicar lo que nuestros profanos oídos escucharon: un instrumento muy diferente al que conocíamos, con un centro timbradísimo, más seguro por arriba que en el pasado, pero claramente estrechado, como sometido a una brutal cura de adelgazamiento. Esto no habría sido la causa de la decepción general que causó si no nos hubiera obsequiado una Lady tan contenida y reservona, con todas las notas en su sitio pero incapaz de transmitir ninguna emoción –o sin ganas de hacerlo, tanto da. Junto a ella, un Stoyanov con oficio, con mal oficio en muchos momentos, que estuvo a la altura e incluso por encima de la estrella aun sin tener los medios de ella, pero que, salvo que alguien con mejor oído me corrija, trata de hacer pasar un timbre forzadamente oscurecido por la densidad propia del buen barítono verdiano. Con la pareja protagonista en esta disposición, el mal es ya irreversible. Prestia hace un Banco digno y –hay que fastidiarse- la mayor ovación de la velada se la lleva un tenor de medios justos, con pasaje más que problemático, pero que es capaz de despertarnos del sopor y hacernos creer que realmente acaban de asesinar a sus hijos.

¿Errores de bulto? Ninguno, salvo los desajustes de la orquesta, que en algún punto fueron bastante graves –en especial en las partes corales-. Nada que irrite especialmente, ni siquiera la labor del director escénico, Francisco Negrín, al que se le abucheó de forma tan rutinaria como se aplaudió al resto. Un par de interesantes ideas de partida: el único escenario que funciona como alegoría de gran escombrera de las pasiones, pero que hace incomprensibles momentos como el del banquete, o la presencia de las brujas shakespearianas como tejedoras del destino de los personajes (no entro en detalles, aunque supongo que tampoco destriparía nada). Relativa fidelidad al libreto, aunque ninguna de las decisiones de puesta en escena que van más allá de lo escrito tienen fácil justificación –el sentido de la escena de la carta o del asesinato de Banco queda, a mi juicio, muy comprometido-. A pesar de su declaración de intenciones,  el señor Negrín no se resiste a llenar el escenario de cadáveres y a rematar con una morbosa recreación del final de un tristemente célebre personaje de la historia de Italia. La disposición y movimiento de los personajes, como es tan habitual, no dicen nada –al menos a la mayoría de los espectadores, quizás sea cuestión de perspicacia-. En resumen, en este apartado casi se habría echado de menos un buen escándalo que nos sacara del tedio.


La discusión forera, aquí.

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